jueves, 30 de julio de 2020

Imagen Propuesta Agosto 2020


Hola a todos los amigos maquineros, ya tenemos la nueva imagen para el próximo programa.
Nos la envía Sara y según cuenta la hizo ella misma, o sea, que aparte de escritora, ahora se destapa como fotografa.
La foto tiene su enjundia, y será el horror de la "sección comeflores", el chollo para la "sección crítica" y un laberinto para la "sección surrealista.
No se sabe muy bien si habrá máquina este mes o será ya para septiembre, todo depende la "las merecidas vacaciones" de Alba, la sufrida y siempre diligente directona de la emisora.
Bueno, hay queda eso y que no nos pase nada.

jueves, 23 de julio de 2020

Programa Julio 2020



Hola amigos de LA MAQUINA, aquí estamos otra vez juntitos en la emisora, mesa desinfectada, micro con preservativo, contentos por el reencuentro y un vinito para brindar, ademas con una invitada especial, que es colaboradora ausente, pero de esta se hizo presente y es de agradecer que se metió un montón de kilómetros para llegar, pero llegó ¡¡ole por Sara!! 
Pues estos son los relatos que un escarabajo caminando por el asfalto y capturado por el ojo de Gonzalo nos inspiró a esta tropa de locos por la pluma, una vez mas ¡¡pudimos con ello!!, el resultado, a vuestro criterio, esperemos que podamos seguir así, escribiendo y viéndonos las caras en la emisora, si el maldito virus quiere...que esa es otra ,así que hasta otro mes familia
besos con mascarilla
SEBI


Y aquí el programa para que lo disfruteis

viernes, 3 de julio de 2020

Imagen Propuesta Julio 2020


Hola amigos de "La Máquina De Escribir", ya tenemos foto para este mes de julio, nos la manda Gonzalo y parece que está dispuesto a poner "La Máquina" patas arriba.
Pues el programa, si no pasa nada, lo haremos por fín en la emisora después de tantos meses haciéndolo desde casa, bueno, esta es la versión oficial, la buena es que nos queremos juntar para meternos una buena merendola.
Grabaremos el próximo día 21, así que los que no puedan ir al estudio, que manden sus escritos antes de esa fecha.
¡Animo Maquinillas!

miércoles, 1 de julio de 2020

Programa Junio 2020


Hola, con un poco de retraso, pero ya tenemos la última "Máquina de Escribir", esperamos que sea el último confitados y ya el mes que viene se realice en el estudio. La verdad es que se hecha un poco en falta el dialogo entre los contertulios,.
La imagen la ha propuesto Irene y la cosa ha dado bastante de sí, aunque ya os aviso que tengáis cuidado al pasar bajo las ventanas, que puede haber muchas sorpresas.
Os pongo la lista de las lecturas:

"Sujetos perdidos" por Irene
"Doble encierro" por Gonzalo
"Sin título" por Francisco
"Espera mama, espera" por Sebi
"Entre incienso y azufre" por Gonzalo
"La cita" por Maria Jesús
"Sali " por Patxi
"Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia" por Jose de Vega
"Un paso atrás" por Sara


sábado, 13 de junio de 2020

El Amante De Los Libros, por Gonzalo (Viejos Relatos)



Pues continuamos buscando en el baul de los recuerdos, que por cierto está bien repleto y extraemos un relato que Gonzalo creó hace poquito mas de un año inspirado en la imagen que podéis ver. 

EL AMANTE DE LOS LIBROS

Celestino tiene como rutina semanal visitar las viejas casetas de libros de la Cuesta Moyano. Ya lo hacía en vida de su padre quien le inculcó el amor por los libros y la pasión por buscar aquellos pequeños tesoros que se  ocultaban en las pilas de papel impreso que abarrotaban, desde hacía casi cien años, las casetas grises arropadas por las enormes copas de los árboles del Jardín Botánico madrileño. No mira apenas las revistas, ni los best sellers, ni se entretiene en las obras de moda, los premios Planeta o cualquier libro que parezca tener menos de 30 o cuarenta años. Está convencido de que necesitan al menos ese tiempo para adquirir “personalidad” propia, es decir el olor, la textura, la patina singular que los haga únicos y preciosos a sus ojos de sabueso en ese singular mundillo.

En su larga trayectoria como buscador de libros ha tenido en sus manos incunables, anteriores a la aparición de la imprenta, libros de pergamino, elaborados con piel de vaca y ternero, primeras ediciones del Quijote, del Buscón, de las innumerables obras de Lope de Vega, de Moratín, de Larra, de Becquer…

Las habitaciones de su casa rebosan de libros. El hecho de vivir solo le ha facilitado disponer del espacio a su gusto y apenas tiene otros vicios o aficiones que los libros. Los pocos amigos que le visitan le advierten de que pronto tendrá que hacer algo para que aquello no se convierta en un auténtico mausoleo, sin atisbo de luz exterior, ya que hay ventanas que están tapadas por completo por las pilas de libros que casi colapsan el espacio. Una y otra vez le dicen que por qué no monta una librería o un puesto en el Rastro en el que vender una parte de semejante arsenal. Sin embrago Celestino les responde que antes se quemaría con todos ellos, que venderlos. Para él, cada libro tiene una historia, que en otras manos se desvanecería, sin otorgarle ningún valor. No quiero que esta biblioteca que tanto me ha costado reunir acabe en esas horrendas librerías, de todo a un euro, como si fueran imanes de frigorífico o bagatelas de bisutería de plástico, que solo gente de muy poco gusto estarían dispuestos a adquirir, dijo una vez a Fortu, su mejor amigo, cuando le insistió en que debía deshacerse de parte de sus libros.

Esa mañana de invierno Celestino la quería dedicar por entero a recorrer una por una las treinta casetas de la Cuesta, desde la estatua de Claudio Moyano, el ministro de instrucción pública que elaboró la primera ley de Educación que hubo en España y también la más longeva de todas las que se han legislado y que solo quedaría derogada completamente con la Ley General de Educación de mil novecientos setenta, después de ciento trece años. Lo mismo que todas las que ha habido en las cuatro décadas siguientes, que suman más de ocho. En la parte más alta concluye la cuesta en otra estatua, la del gran novelista Pío Baroja, uno de los grandes valedores de este espacio, ligado también a otros grandes escritores que lo recorrieron innumerables veces, como Azorín, Valle Inclán, Ortega y Gasset, Camilo José Cela y hasta el mismo Ernest Hemingway. Uno de sus grandes defensores, Ramón Gómez de la Serna la nombraba como “la Feria del Boquerón”, porque el valor de los libros era equivalente a lo que se pagaba por la popular tapa en cualquier bar. Francisco Umbral decía de la Cuesta que era la calle más leída de Madrid. Celestino se había cruzado con cantidad de escritores, famosos muchos de ellos y sabía que hasta la misma Patti Smith se paseó por ella y se llevó algunos libros de la caseta veinticinco, la dedicada a la música. También sabía que buena parte de los miles de volúmenes que la familia Baroja atesoraba en su casa familiar de Vera de Bidasoa, procedía de las compras incesantes de Don Pío, considerado un gran cazador de libro antiguo.

Como él, Celestino olfateaba más que miraba los libros apostados en los anchos mostradores. Se dejaba llevar por olores de viejas humedades, de armarios de roble y de nogal encerrados por generaciones en el mismo espacio, acumulando polvo, impregnándose del olor del cocido y la paella, de perfumes dulzones, de flores secas aplastadas, de pétalos de rosa y amapola, de manchas de vino o de café, que acababan por deformar los libros y otorgarles perfiles singulares, herrumbrosos y cargados de restos acumulados por el tiempo y el uso. A Celestino le excitaba adivinar qué manos pasaron las páginas y doblaron la esquina de las hojas o rasgaron sin querer el papel frágil y quebraron un verso o una frase. Cada vez más, Celestino buscaba solo aquellos libros que albergasen cuantas más huellas mejor.

En la tercera caseta que visitó Celestino esa mañana le llamó la atención un libro de poemas en francés. Se trataba de Una temporada en el Infierno de Rimbaud, el poeta maldito que apenas escribió dos libros y se convirtió en icono de los poetas bohemios. Su enigmática vida le llevó, aún joven, hasta África. Etiopía y Somalia fueron su destino de aventurero y traficante de armas, lejos del París modernista de fin de siglo y de la Europa que se preparaba sin saberlo aún para la Gran Guerra. Reconoció el color asalmonado de la portada y el dibujo que la acompañaba. Se quedó parado unos minutos, incapaz de cogerlo en sus manos, recordando a quien se lo había regalado hacía más de treinta años. Era Candela, la única mujer a la que había amado de veras, la única que habría podido transformar el rumbo solitario de su vida. Le regaló aquel libro antes de irse a África a hacer su servicio militar como si fuera una premonición del infierno que le tocaría vivir, aunque él le dijo a Candela que el tiempo pasaría más rápido que lo que tardase ella en leerlo. No ocurrió así pues, de hecho, pasaron varios años hasta verse de nuevo. Celestino se decidió a coger el libro y al abrirlo, cayó de su interior una carta manuscrita, con grafías borrosas, apenas legibles. Enseguida reconoció su propia letra, un lugar y una fecha. Islas Chafarinas, agosto de 1981.

“Querida Candela: Han pasado ya meses desde que pudimos vernos por última vez. Te amé entonces de forma tan desesperada que tú te asustaste y dijiste no reconocerme. Había desaparecido en mí, a tus ojos, aquella delicadeza que te subyugaba, aquella dulzura que me inspiraba tu ingenuidad y tu ternura. Me sentí perdido en aquel sinsentido de ver como mi vida se iba reduciendo a obedecer las órdenes de personajes irracionales a los que les importaba un carajo lo que yo sintiera. Parecían disfrutar creando situaciones de humillación y violencia y yo no estaba preparado para eso. Obligarme a disparar un fusil al que odiaba, permanecer durante horas sintiendo merodear las ratas en la noche, haciendo guardia frente a un mar de carbón y un viento helado que me hacía temblar y añorar con angustia la enorme lejanía de tus ojos y tu boca. La desesperanza me ha vencido y no he sido capaz de contenerme, cuando un cabo primero se ha empeñado en hacerme imposible la vida. Tanto me insultaba y se burlaba de mí que un día, en plena marcha le pegué un culatazo con mi cetme,en la cabeza. De resultas de ello me han condenado a permanecer seis meses más en el servicio militar y mientras él no acabe de sentir los efectos de mi golpe, ese plazo podría prorrogarse.

Te juro que lo único que me mantiene con ganas de seguir vivo es tu recuerdo, la certeza de que volveré a verte algún día, de que podré abrazarte, besarte y volver a verme rodeado por tus brazos.

Los próximos cuatro meses estaré aquí en este islote, alejado de todo. Solo veo el mar y la costa de África a lo lejos. Cuento las horas y los días que me faltan para volver a verte, pero no sé, en realidad, los que me quedan para que eso ocurra. Sería egoísta por mi parte pedirte que me esperes, pero no deseo otra cosa en este mundo, sino eso. Te quiero mi Candela. Celedonio

Al final pasó más de un año desde el envío de aquella carta. Cuando volvió  Celedonio Candela ya no estaba. No había contestado a ninguna de las muchas cartas que le siguió enviando, por lo que no sabía que ella ya no vivía en el barrio. Parecía que Candela no quisiera saber nada de él y nadie de aquellos a los que preguntó supieron o quisieron decirle nada. Dos años después de su vuelta, Celedonio se cruzó con ella en la Puerta del Sol, en medio de la muchedumbre que abarrotaba la plaza en plenas fiestas navideñas. Se quedaron parados, mirándose y cuando  quiso acercarse a ella, Candela le dio la espalda para besar en los labios a una chica que él nunca había visto. Después, ambas, abrazadas, se perdieron entre la multitud mientras ella le lanzó la última mirada de despedida y Celedonio sentía los acelerados latidos de su propio corazón. No tuvo la osadía de seguirlas, ni volvió a preguntar a nadie por Candela, desde entonces.

Celedonio había vuelto a sentir el pulso acelerado, avivado por los recuerdos, pero después de repasar las páginas del libro, una por una, lo volvió a colocar en su sitio. Para él, aquel ejemplar nunca sería un tesoro de aquellos en los que buscaba la huella de los otros, pues sabía lo que había oculto en él. Lo dejaría allí para que otra persona tan ávida como él de desvelar enigmas o de perseguirlos tan solo, pudiese imaginar una historia diferente que tuviera un desarrollo y un final distintos a la real, que solo él y Candela conocían.
Celedonio prosiguió su paseo, cuesta arriba, deseoso de encontrar alguna otra pequeña maravilla que saciase su hambre de atisbar las historias y vidas encerradas en aquellas frágiles joyas de papel, que se habían convertido en su más grande y auténtico amor de su solitaria vida.

viernes, 5 de junio de 2020

Imagen Propuesta Junio 2020


Pues ya tenemos nueva foto para la próxima "Máquina", propuesta por nuestra amiga Irene, y además avisa que con "aviesas intenciones".
Aviso a los que quieran que hay plazo para enviar relatos hasta este 19 y el programa se emitirá el día 24. Esperemos que en directo desde el estudio, después de haberle quitado las telarañas acumuladas por estos meses de inactividad.
Ya os podéis estrujar el cerebro e invocar a vuestras musas,

miércoles, 3 de junio de 2020

Programa mayo 2020


Pues con un poco de retraso debido a problemas informáticos (Ordenador a cascarla) volvemos con el último programa, otra vez realizado desde casa por cada uno de sus participantes. Esperemos sea la última vez y el próximo ya sea desde el estudio.
Maria Jesus nos hace una breve introducción:

La foto de esta semana la verdad es que era un poco como un reto porque aparentemente es como muy simple, como un poco viejuna: Reperesenta un pañuelo, un pañuelo, de estos de tela, antiguo, bordado, los que se usaban habitualmente hasta hace muy pocas décadas, un pañuelo bordado, que solía ser algo bonito que se solía llevar en el bolsillo y que ahora ha sido sustituido por el cleenex. Asi que era ver que hiba a a surgir de una cosa tan simple como un pañuelo de costipado.
Maria Jesus

Lista de relatos:
"Manuela Sabe" por Gonzalo
"Tela" por Maria Jesus
"Sin Título" por Francisco
"La Muestra De Costura" por Sebi
"Amatxo" por Patxi
"Bordado De Recuerdos" por Sara
"Los Pijos Se Cabrean" por Gonzalo
"Incierta Primavera" por Gonzalo